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 — AMANTES OSCUROS —

            Me desperté entre gemidos. Desde aquel día no hago otra cosa que soñar con la misma pesadilla - si así es como se puede decir - ya que desde ese día no duermo, no porque no quiera o porque no pueda, sino porque digamos que ya no sé dormir. Cierro los ojos y aunque sé que estoy despierta, esas terroríficas imágenes vienen una tras otra a mi mente.

            Me miro en el espejo y me doy cuenta de que sigo siendo la misma chica de apariencia de universitaria de todos los días. De tez blanca y frágil como la porcelana, con mi cabello de color negro azabache que me llega hasta las rodillas aproximadamente. Mis ojos negros, negros, profundos e inmensos como el universo y mis labios gruesos y carnosos con un tono rosado hacían mi cara la de una princesa de un cuento de hadas, o eso era lo que me decía mi madre - creo - ha pasado tanto tiempo, que casi no me acuerdo. 1,65 cm de altura, de silueta delgada y débil, aunque como dice el refrán “Nunca juzgues un libro por su portada”  y conmigo pasa igual. Tengo apariencia débil, pero una de las cosas por las que destaco entre la gente que me conoce es por mi fuerza sobrehumana. Aunque esto también sucedía cuando era humana.

- ¡Cris! ¿Estás bien? Juraría haberte oído gritar.
- Tranquilo Tom, sólo era una pesadilla - Cómo no, el estúpido de Tom todo el día detrás de mí.
- ¿De verdad? Puedes abrirme la puerta Cris.
- No estoy presentable Tom - me lo parece o el tono que ha utilizado conmigo era más una orden que una pregunta - Ya nos veremos luego.
- De acuerdo...

                       Siempre igual, por qué demonios no puede dejarme en paz. Salgo al balcón y veo aquellas verjas que sólo pude traspasar una vez. Cuánto me gustaría volver a traspasarlas, pero a diferencia de la otra vez, ahora ya tengo una razón para no hacerlo y para seguir aquí dentro con mi nueva familia. Siempre quise tener una razón para pertenecer a esta familia y mi sueño se hizo realidad, aunque no de la manera que yo deseaba.

            Por culpa de esto que soy, ya no puedo salir a la calle. No puedo traspasar esas enormes verjas, ya no puedo abrir mis alas para volar libremente por un cielo azul y soleado, ahora soy un pájaro encerrado en una gran jaula de oro... pero de qué me sirve si después de tanto tiempo, todavía no he podido ver a la persona que tanto amo. Aquella a la que alimente durante tanto tiempo, aquella por la que vine aquí siendo una humana, aquella por la que me escapé, aquella a la que le otorgué mi alma y mi corazón y aquella la cual me transformó... en la segunda - por detrás de él - más poderosa, en una legendaria vampiresa.

 
 
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