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NOCHES DIVERTIDAS

             Pasaron dos días después de que acogiera a David en mi casa. Desde que él llego mi horario había cambiado radicalmente, por las noches salíamos hasta el amanecer, ya que el sol era muy malo para su piel. Y por el día solíamos estar en casa, bajaba las persianas para que la casa quedara a oscuras y solíamos platicar en el sofá del salón. Era divertido, pero claro, yo era una humana y necesitaba dormir.

- Oye David... - le dije agotada.
- Dime Cris - me dijo él más fresco que una rosa.
- Necesito dormir - dije echándome a mi cama - ¿Es que acaso tú no duermes? - le dije mirándole de reojo.
- ¡Ah! Es verdad... lo de dormir... - decía como si fuera algo de lo que prescindía.
- ¿Cómo puedes estar tres días enteros sin dormir y decir eso como si nada? - le dije mientras me ponía boca arriba en la cama.
- Pues porque yo no necesito dormir - dijo mientras se ponía encima de mí - lo único... necesito comer, hace tiempo que no como - decía sonriendo.
- ¡¡ Pero si acabas de comer hace una hora!! - dije mientras me incorporaba para quedar enfrente de él.
- Pero esa comida no es capaz de saciar mi apetito - dijo enseñándome unos perfectos colmillos.
- Dime David... qué eres en verdad - dije mirándole fijamente a los ojos. Hace ya bastante - casi cuando nos conocimos - que me había dado cuenta de que David no era humano, pero no me atrevía a preguntárselo.
- Ya sabías que yo no era humano, ¿verdad? - dijo él con una sonrisa divertida en sus labios.
- Sí, pero no me atrevía a preguntarte qué eras - dije yo un poco más relajada.
- Verás Cris, tú eres la única que ha sobrevivido conmigo más de una noche - hizo una breve pausa y luego continuó hablando lentamente - yo... Cris, soy un vampiro. Pero no uno cualquiera, soy un vampiro legendario...
- ¿Un vampiro legendario? - pregunté yo un poco desconcertada.
- Sí, hace doscientos años, hubo una masacre enorme. Todos los vampiros que existían entonces fueron asesinados, no quedó ninguno vivo, ninguno excepto yo. Después de cien años de aquello, empezaron a nacer vampiros y éstos, para aumentar el número, convertían a gente humana en vampiros, pero... - dijo deteniéndose para poder respirar relajadamente - pero los nuevos vampiros que surgieron eran mucho más débiles que yo. Así que entre todos decidieron nombrarme el líder de los vampiros. Yo no he transformado nunca a nadie en vampiro, ya que si lo hiciera, el vampiro que yo hubiera transformado sería igual de poderoso que yo o incluso más... - dijo al final bajando su cabeza para no ver mis ojos. Pero yo le agarré firmemente del mentón con una de mis manos y le volví a subir lentamente la cara para que quedáramos viéndonos fijamente a los ojos. 
- Si quieres... yo puedo saciar tu apetito - dije muy seria.
- No, Cris, no quisiera que por algún fallo mío acabaras muriendo - dijo él también muy serio.

 
 
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