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— UNA CALIDA SONRISA —

            Unas frías pero fuertes manos me sostenían delicadamente para que no me pasara nada. ¿Pero acaso alguien podía amarme tanto para sujetarme tan dulcemente? No podía creer que hubiera alguien capaz de amar a una persona como yo. Pero esa calidez no duro mucho, ya que de repente note que un cálido liquido recorría lentamente la mayoría de mi ahora frío cuerpo. Intenté levantar mi cabeza para poder ver qué era ese líquido, pero no conseguí nada, así que moví un poco mi mano para poder ver aquel líquido rojizo. Entonces me di cuenta de que todo mi cuerpo estaba lleno de sangre.

- A quién pertenece esta sangre... - pensé para míi misma.

            Pero por mis alrededores no veía nada, todo era oscuro. Me asusté, aquella oscuridad no era como las demás. Mi corazón estaba muy frío, demasiado, no lo entendía pero yo estaba corriendo hacia el frente, algo me decía que si corría en esa dirección encontraría las respuestas de por qué aquella oscuridad era tan extraña y el porqué de que mi corazón se sintiera tan mal. De repente todo quedó iluminado, me alegré, pero al girar mi cuerpo, mi cara palideció y un sudor frío recorrió todo mi rostro. Enfrente de mí había un gran espejo, en el que me veía reflejada. Pero grande fue mi sorpresa al ver que la sangre que corría  por mi cuerpo lentamente era mi propia sangre que salía sin cesar de una herida que tenia en el cuello. Me limpié como pude la zona de donde me venía aquel punzante dolor. Entonces la vi, aquella mordedura hecha con dos colmillos que tenía marcada en el cuello. En aquel momento me di cuenta, no había sobrevivido, David me había mordido y al final me había matado...

- No, Cris... estás equivocada  - escuché su voz claramente retumbar en mi cabeza.
- ¿Qué quieres decir? - dije en un susurro inaudible para cualquier oído humano.
- Abre los ojos Cris... - dijo la voz tiernamente.

            Y, sin protestar, fui abriendo los ojos mientras vislumbraba la silueta de alguien encima de mi cara. Poco a poco aquella borrosa silueta fue siendo más y más clara. Y allí estaba otra vez el hombre más hermoso que existía, mirándome fijamente con una cálida sonrisa dibujada en sus dulces labios.

- El trato sigue en pie... mi pequeña alimentadora - me dijo mientras depositaba un tierno beso en mi fría mejilla.
- Lo... sabía... - dije yo con un poco de dificultad al hablar.
- Estate tranquila... ahora tienes que dormir, la próxima vez te dolerá menos - dijo para luego disponerse a salir del cuarto.
- No... quédate con... migo... - se lo rogué.
- De acuerdo - y antes de que pudiera parpadear ya estaba atrapada en un tierno abrazo.

Y después de unos minutos me quedé dormida entre sus brazos y con mi cabeza apoyada en su pecho.

 
 
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