Menú

  pagina anterior  
 

— DESPEDIDA —

            A la mañana siguiente cuando me desperté me encontraba tumbada en mi cama,  miré a mi alrededor pero no vi a nadie. No me acordaba de nada cuando de repente noté un gran dolor punzante en el cuello. Y entonces me di cuenta, había sobrevivido a la mordedura de David y ahora me veía atada a él por culpa del trato que yo misma había propuesto. Me dolía tanto la herida que ahora me asustaba seguir alimentando a un vampiro, ni siquiera podía moverme a causa del dolor.

            Después de unos minutos la puerta de mi habitación se abrió. Me intenté incorporar para ver la cara de la persona que acababa de entrar, pero su voz me detuvo.

- No te muevas, te sentirás peor - dijo dulcemente.
- Es insoportable, ¿me dolerá tanto siempre?- dije con voz apagada.
- No, sólo las primeras veces, luego no lo sentirás nada - fui a hablar pero él se adelantó- además, lo de esta vez ha sido algo especial. Ya que estabas muy cansada y yo muy hambriento - me dijo sentándose a mi lado.
- Menos mal, casi no me puedo mover - dije intentando volver a incorporarme.
- Te digo que no lo hagas... - pero se quedó callado al ver como yo ya estaba sentada en la cama con la espalda apoyada en el respaldo.
- ¿Decías algo? - dije riendo, aunque con bastante dolor por todo el cuerpo.
- Eres impresionante - dijo acercando su rostro al mío - ¿Pero seguro que quieres seguir con nuestro pequeño trato? - preguntó enseñando sus colmillos en una divertida sonrisa.
- Si no son tan dolorosos como ésta... - dije rozando su nariz contra la mía.
- ¿Te gusta provocarme? - dijo enseñando todavía mas sus perfectos colmillos.
- No es eso, me gusta tu sonrisa - dije sonriendo zorrunamente.
- Eres demasiado atrevida y eso es peligroso.
- Me gusta el peligro, aunque me esté jugando la vida.

            Me levanté con cuidado con su mano rodeándome la cintura. Poco a poco fui yendo a la cocina. Mientras yo comía mi desayuno él iba mirando detalladamente cada uno de mis movimientos.

- ¿Se puede saber por qué me miras tanto? Me pones nerviosa - dije sin dejar de desayunar.
- Es que... me he dado cuenta de que comes mucho y nunca engordas - me dijo él sonriendo juguetonamente.
- ¿Ah sí? ¿Es que acaso te molesta? - dije yo mientras dejaba de desayunar para mirarle fijamente.
- Para nada, sólo que me parecía curioso - y se rió entre dientes sin intentar disimularlo - Tranquila, no te vas a convertir en vampira.
- ¿Qué?
- ¿No era eso lo que te preocupaba?
- Cómo... - pero antes de poder acabar mi frase él ya estaba resolviendo mi duda.

 
 
pagina siguiente
 
 
Anterior - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 - Siguiente