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Primera aventura

Deberás dirigir tu caballo hacia los confines de estas tierras para encontrar un enclave tan singular.  Si vas en día de oración, deja tu rocín junto al asentamiento nómada. No temas, ya que los habitantes de estas tierras, aunque alborotadores, no tienen fama de fieros. Y, si encontraras un palafrenero, por escasos dos maravedíes se ocupará de tu caballo en tu ausencia.

 
 

el puente


Dirígete hacia el río y sigue su curso en contra de la corriente. No menosprecies a este río que ahora ves por pequeño, ya que se unirá a otro río más importante, para desembocar en la capital del condado, la ciudad amurallada de las siete puertas.

Cuando llegues al puente deberás tomar una decisión.

Si sigues a los viajeros y lo atraviesas, podrás adentrarte en las entrañas de la tierra, en la mismísima morada del gran oso cavernario. No olvides tu espada y una buena antorcha, pues si te pierdes en la oscuridad, no podrás regresar.

Si esta aventura no te atrae por arriesgada, sigue el camino.

 
 


Una vez superado el remanso podrás entrar en el mundo de las hadas y los duendes, de la música y los colores.

Quizá creas que este sendero carece de peligros, pero ante tanta maravilla, algunos caballeros han perdido la razón y no han sido capaces de volver.

el remanso
 
 


Si le permites un consejo a este humilde bardo, no emprendas solo semejante aventura. Escoge al más sensato de tus escuderos: te ayudará a tomar las mejores decisiones y, si a pesar de ello, no vuelves con vida, déjale con el deber de volver en mi busca. Con el relato de tus andanzas compondré una oda a la memoria de un valiente caballero.

¿Qué peligros elegirás?

 
 
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