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Cuarta aventura

Cuando vi la foto, recordé haber visto un barco de madera hundido que asomaba en el agua.

A pesar de que el día no animaba a ello, me dirigí hacia allí, incluso aunque el agua y el viento arreciando, el camino anegado, no animaban a emprender la aventura.

 
 


otro barco



Pero, cuando llegué, ¡oh, desilusión! La marea estaba baja, pero el pecio que se encontraba delante, no era el objetivo de mi búsqueda.

Aunque, de todas formas, reconocí que el lugar que buscaba no debía ser muy diferente del que tenía delante de mis ojos: una zona de agua tranquila que no devora los barcos que embarrancan en sus orillas, sino que se los come poco a poco, como si los saboreara...

De repente, dejó de llover, el viento se detuvo y la niebla que tanto me hiciste temer me rodeó. Seguí el camino, intentando sortear los enormes charcos y sin ver hacia dónde me dirigían mis pasos.

 
 

Recordé los misterios que se le atribuyen a la niebla y tuve miedo.

De pronto, la niebla se disipó y ante mis ojos, como si de barcos fantasmas se tratara, aparecieron los esqueletos de varios barcos que descansaban en el limo. Ese sí que era mi destino.

el destino

 
 
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