Menú

  pagina anterior  
 

Novena aventura

 
 

Deberás acercarte sin miedo a una de las moradas más carismáticas de la diosa Mari. Estate atento, ya que el perfil que te ofrece su morada en esta imagen no es el de su cara más conocida. Debo reconocer que su perfil conocido es tan singular que no habría lugar para el enigma.

 
 

los alerces

 

A la izquierda, las coníferas amarillas ¿amarillas? Pero, ¿las coníferas no eran de hoja perenne? ¿No eran las que guardaban sus hojas en forma de aguja durante el invierno? Ya, pero no éstas, ya que son alerces. Si vas en pleno invierno te confundirán con su estampa de abetos muertos, pero si vas en primavera los encontrarás llenos de hermosos brotes de un color verde intenso a diferencia del resto de las coníferas, cuyas hojas son de color verde oscuro, salvo las puntas de las ramas en primavera, cubiertas con los brotes tiernos que asoman. Y si vas en otoño, te sorprenderá su extraño tono dorado. Sólo en verano conseguirán confundirse entre el resto, para que no los distingas.

 

 
 

 

Al centro, la entrada a la senda que te guiará a la morada de Mari. Quizá ya hayas estado pero, probablemente, ¡hace tanto tiempo! que ¿lo reconocerás?

¿Te atreverás a intentar entrar en su propio reino?

¿Y a llegar a la cima para atrapar la luna?

 

la cima
 
 

 

A la derecha, más refugios de la diosa Mari.

Quizá algún otro día te llamen…

 

más refugios
 
 

¡Quién tuviera una ventana con esas vistas para ver por la mañana y por la tarde.

 
 
pagina siguiente
 
pista 1
pista 2  
Anterior - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - Solución - Siguiente