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LA PRINCESA QUE SUSPIRA
Por: Lea


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Me contaron hace tiempo la historia de una princesa encantada que vivió en un castillo no lejos de aquí. Yo no lo creí ¿Cómo iba a hacerlo?
Hace poco pasé cerca de donde me habían explicado que se hallaba el castillo y no pude resistirme. Me acerqué sin demasiada esperanza, pero no puedo negar que sentía cierto hormigueo, similar al que se nota cuando estás haciendo algo excitante. Llegué al castillo, pero no sentí nada especial y me sentí un poco decepcionado. El edificio tenía un aspecto elegante aunque se apreciaba que llevaba bastante tiempo abandonado. Lo rodeé para apreciarlo mejor mientras admiraba las vidrieras que, sorprendentemente, estaban intactas y las hermosas piedras talladas con espléndidas figuras.
la princesa - imagen: Ray
 
Cuando llegué a la parte de atrás, en uno de los balcones pude apreciar una hermosa joven que miraba a la lejanía como si esperara algo que no terminaba de llegar y que, de vez en cuando, parecía suspirar.
Intenté llamar su atención pero, por más que me empeñé, no lo conseguí. Parecía como si yo no existiera para ella. Un poco desmoralizado proseguí mi viaje.
Cuando llegué a casa conté a mis amigos lo que me había pasado. Algunos conocían la historia e, incluso, habían visitado el castillo, pero ninguno había visto la joven e, incluso, me aseguraron que el castillo llevaba mucho tiempo deshabitado.
Intenté olvidar lo ocurrido pero, de vez en cuando y, desde luego con más frecuencia de la que yo desearía, me sorprendía pensando en la figura de la joven que suspiraba, planeando volver a visitar el castillo para volver a verla pero, al mismo tiempo, temiendo que al llegar allí ella no estuviera. Incluso, cuando alguno de mis amigos notó mi desasosiego y me preguntó el motivo, le conté una historia inventada pues no me atreví a contarle la verdad.
 

Me asalta la idea de qué pasaría si volviera y la joven me viera y me sonriera, como si, de alguna forma, me hubiera estado esperando. Pero, otras veces, también pienso en qué pasaría si volviera y no la encontrara. En esas ocasiones, me siento nervioso y desasosegado. Y, a veces, creo que voy a volverme loco.

 
 
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