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Las ínsulas extrañas
Por: Lea



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Confiado en que conocía dónde se hallaban las ínsulas que debía encontrar, me dirigí resuelto hacia el este. Me extrañó que según avanzaba en mi viaje, cada vez menos personas hubieran oído hablar del lugar de mi búsqueda hasta que llegó el día en que nadie me daba razón de él. ¿Qué hacer? ¿Volver a casa sin lograr mi objetivo, deshonrado y deprimido a rumiar el resto de mi vida, convencido de que no fui capaz o volver sobre mis pasos y seguir intentándolo? Conociéndome, escogí la segunda opción, no exenta de riesgos, ya que el verano seguía avanzando, debía volver sobre mis pasos y, probablemente, el invierno me alcanzaría durante el trayecto.
Volví de nuevo, hasta que en una pequeña aldea, un visitante hablaba de unas islas… Esperé hasta que quedó solo y lo abordé: ¿Cómo eran esas islas? Por sus señas supe que eran las que yo buscaba y ya no tuve dudas. Según él, debía dirigirme hacia el oeste, hasta llegar al mar. Calibré mis posibilidades de éxito en la empresa y, a pesar de que no eran muy altas, calculé que forzando la marcha, racionando mis provisiones y cazando por el camino, quizá llegaría a tiempo, quizá le ganara al invierno. Pero, cuando no se conoce el camino, éste se vuelve contra ti. El otoño fue muy duro, llovió mucho, tuve que parar más de lo que hubiese deseado y mis provisiones se acabaron. Me alcanzó el invierno sin haber alcanzado mi destino. Estaba casi seguro de que no me faltaba mucho, pero no había llegado.

 

Estalló una terrible tormenta y decidí construirme un refugio para poder protegerme. Conseguí cazar un conejo y me preparé para pasar la tormenta a cubierto y recuperar fuerzas entretanto. Al día siguiente, todo estaba cubierto de nieve, el paisaje era realmente hermoso, pero supe que, en adelante,  me costaría mucho más trabajo avanzar. El invierno me enseñaba su verdadero rostro. Cuando amainó la tormenta, seguí adelante, yo creía que hacia el oeste, pero llegó un momento en que estaba totalmente desorientado y no supe hacia dónde me dirigía.

las islas  
 

Casi no tenía comida y la caza huía de mí. La blancura del paisaje me enloquecía de puro resplandor.
Cuando ya me estaba abandonando la esperanza aparecieron como estatuas de hielo surgiendo del agua que se presentaba ante mí.

PD: espero que a Herensuge no le moleste que haya utilizado su título.

 
 
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