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Un susto mágico
Por: Lea



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Hoy es mi cumpleaños. Acabo de cumplir 15 y estaría muy contenta si no fuera porque mi madre está muy rara. Me ha cogido en un aparte y me ha dicho que tenía algo muy importante que decirme. Que ella y yo somos brujas y que, ahora que he cumplido 15 años, en cualquier momento se manifestarán mis poderes. Que dada la familia de la que vengo, seré una bruja muy poderosa y no sé qué bobadas más. Yo le he contestado que me parecía una tontería, que no vuelo en escoba, ni tengo verrugas y me ha comentado que, también, le pasó algo similar y que ya me convencería yo sola. Que, entonces, fuera donde ella, que me haría falta su ayuda y que estará cuando la necesite.
Hoy no me he sentido bien en clase. Cuando iba a comer a casa, al pasar, le he dado una moneda al mendigo que suele estar en la esquina. Tenía una inquietud y le he preguntado si siempre ha sido pobre. Él, muy amable, me ha contestado que no, que tuvo un negocio y, a veces tuvo suerte, a veces no, pero sobre todo, tomó malas decisiones y lo perdió todo. Después de aquello, intentó trabajar en otras cosas, pero había perdido la esperanza y la confianza en sí mismo y fracasó de nuevo. Ahora, no puede salir del agujero. Me ha señalado una agencia de viajes con sus hermosos carteles y me ha confesado que siempre deseó visitar París. Me ha dado tanta pena que le he dicho, sinceramente: “¡Cómo me gustaría que pudieras visitar París!” ¡Y ha desaparecido ante mis ojos!
He corrido, más bien he volado, a casa, a buscar a mi madre. Se ha asustado y me ha dicho que cabía esperar una cosa así aunque no podía suponer que la primera vez fuera tan en serio. Le he rogado que hiciera algo, pero me ha contestado que no es tan fácil, que la magia no funciona así y que tenía que arreglarlo yo. ¡Pero si no sabía ni cómo lo había hecho!
Me ha hecho intentar transportar un peluche de la cocina a la sala. Con lo fácil que fue la primera vez, me ha costado horrores. Y luego tenía que volver a traerlo, pero si no ves el peluche, es ¡muchísimo más difícil! Si no fuera porque estaba muy preocupada por el pobre mendigo, habría abandonado. Me lo imaginaba solo y asustado. Sudaba y temblaba cuando por fin he conseguido traer el peluche de vuelta. Pero luego me ha hecho hacer lo mismo con el gato porque decía que con seres vivos es mucho más difícil, pues no se quedan quietos. Y tenía mucha razón. No me ha costado mucho enviarlo a la sala, pero no conseguía traerlo de nuevo y eso que yo creía que ya sería mucho más fácil. No conseguía encontrarlo. Y pensaba que tiene que ser dificilísimo encontrar una persona en París y me ponía muy nerviosa.
Hemos tenido que descansar un poco y mi madre me ha preparado una infusión para intentar tranquilizarme. Ya era muy tarde y estaba muy cansada, pero no lo podía dejar todavía. He intentado concentrarme de nuevo y después de varios intentos he conseguido traer al gato a la cocina, sin pasar por la puerta ¡claro está!
Ya era de noche y me había saltado las clases de la tarde, pero mi madre no dijo nada. Al fin y al cabo eran causas de fuerza mayor. Nos dirigimos a la esquina en que suele estar el mendigo. Yo estaba preparada para intentar  hacerle volver y mi madre se ha ofrecido a ayudarme. Me he enfadado con ella porque creía que nos podíamos haber evitado todo el trabajo de la tarde, pero me ha explicado que, aunque podía apoyarme, era yo la que tenía que traerlo de nuevo. Con mi madre a mi lado, me he sentido capaz de lograr cualquier cosa que me propusiera. Y, de la misma manera que lo envié a París, con sinceridad, he intentado que viniera donde mí ¡Y lo he conseguido! Al principio, nos ha mirado sorprendido pero después ha sonreído. Jamás lo había visto tan feliz.
Le he pedido perdón y me ha contestado que no había nada que perdonar, que le he devuelto la esperanza, que mañana será un día completamente nuevo para él y que intentará empezar de nuevo. De verdad, he creído en él. Espero que mis nuevos poderes puedan ayudarle.
He hablado con mi madre. Le he dicho que ahora creo en lo que me contó y estoy preparada para asumirlo. Me ha confesado que el trabajo es duro pero siempre merece la pena. Desde hoy, yo también, seré una persona diferente.

 

 

 

 
 

 

 
 
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