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           CHASE HARPER
El día en que todo comenzó estaba jugando a cartas con David Charles y Don McMillan en su habitación, Don era el que iba ganando, creo yo. Pero la partida se terminó antes de saber quién era el ganador. Oímos un grito.
-Alison, otra vez… -dijo David mosqueado, estar perdiendo afectó bastante a su humor, por lo visto.
-¡Es una quejica! Todas las noches igual. Siempre tiene que gritar por una araña o por lo que sea.
Cuando oí lo que Don había dicho, la sangre me empezó a hervir. Pues Alison era amiga mía de la infancia. Sin poder detener mi cuerpo, envié a Don de la silla al suelo de un puñetazo.
Con el escándalo que montamos no oímos el siguiente grito. Annie, en cambio, hizo más que oírlos. Y nos contó lo ocurrido a la mayoría de los estudiantes adultos.
"Cuando Alison ha gritado, he ido con la señorita Camptown a ver qué pasaba. Alison aseguraba que había visto un monstruo en la ventana pero, obviamente, la profesora no le ha creído. Mejor si lo hubiera hecho."
Vi que estaba a punto de llorar.
"Cuando ha vuelto a gritar, no he ido con la señorita Camptown a su cuarto, pero como tardaba demasiado he ido al cuarto de Alison para comprobar si todo estaba bien. Al principio no he reconocido a la profesora, sus ojos miraban hacia el cuarto, pero parecían bolas de cristal. Su cuerpo, parecía congelado.
Aun llamando a la profesora, no ha movido ni un pelo. Me he puesto a su lado, para saber cuál era el motivo de su comportamiento. Alison no estaba en la habitación…"
Como empezó a llorar, nadie oyó lo que contó a continuación pero, como yo la tenía a mi lado, oí claramente el final de la frase.
"… el cuerpo sí, pero la cabeza… no"
Me asusté. Nadie más le prestó atención a la inseguridad y al temor de Annie, en cambio, yo ya sabía el porqué de su miedo. Algunos alumnos creían que Alison se había escapado del colegio, eso les oí decir. No hice caso a las voces equivocadas y seguí a Annie. Iba detrás de su coleta de color zanahoria. Al final, ella se hartó de mí y se dio la vuelta. Cuando la miré a la cara vi sus ojos enrojecidos por culpa del llanto.
-¿Qué quieres? -el deseo de saber apartó a cualquier cortesía.
-¿Qué ha ocurrido?
-No lo sé. No lo he visto todo.
Me fui dejando a Annie con sus lágrimas. Si Annie no sabía cómo o quién había hecho "eso", sólo había una sola persona que sabía la respuesta a mi pregunta: la profesora Camptown. La encontré enseguida, pero no de la manera en la que me habría gustado. Tenía las manos manchadas de rojo y el conserje estaba tras ella. Entre los dos llevaban una gran bolsa negra escaleras abajo. No dije nada, y me fui hacia la habitación de Alison.
La puerta estaba cerrada.
Me quedé a esperar, sin duda era una idea mejor que intentar ir de ventana en ventana, por lo menos si estás en el tercer piso.
-Por favor, vete. -oí claramente decir a la profesora. Ella me miraba desde arriba y sus palabras me parecieron más frías que cuando me expulsaba de clase.
Pero no me quería ir sin saber lo que había pasado.
-Sé lo que ha ocurrido. -dije, aunque fuera un farol.
Esperé ver la sorpresa en su rostro, pero en vez de eso, torció las cejas en un gesto de enfado. Abrió la puerta. Entré en la habitación.
En una de las esquinas del cuarto había un montón de trapos apilados en un cubo. Por lo demás, el cuarto de Alison era igual al resto de habitaciones: enfrente de la puerta había una única ventana en medio de la pared, en la pared izquierda a ésta había un armario, enfrente se encontraba la cama, al lado de la cama, para terminar, había un escritorio. En la oscuridad, el cuarto era igual al mío.
La profesora encendió la luz, y entonces vi claramente lo ocurrido: en el suelo no había gotas de sangre secas, sino charcos de brillante sangre líquida. Las paredes, en un principio verdes, parecían cuadros de museos, de esos que valen millones. Era aún más horrible que lo que había pensado.

 
 
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