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-¡Venga! Muévete, que tenemos que ir a comer… y ya sabes como se enfada La Vieja de las Cocinas si alguien llega tarde… y más si soy yo: me tiene manía, seguro.
Charlotte y Ana fueron a comer, pero Ana se percató muy rápido de que a Charlotte algo le pasaba.
-¿No tienes hambre, o qué?- Ana miraba la figura de su amiga y se rió por lo que había dicho para sus adentros.
Charlote le respondió que no con un gesto de cabeza. Tan asombrada estaba Charlotte que no conseguía encajar la información. No sabía qué postura coger ante esa declaración indirecta de amor.
Cuando terminaron de comer, las dos se fueron a dar una vuelta por el instituto. De repente, Charlote le preguntó esto a Ana:
-¿Qué harías si alguien se te confesara sin confesarse?- Ana no entendió nada.
-¿Es una pregunta trampa? No te entiendo- Pero Ana pensaba “Yo soy mucho más guapa que Charlotte, ¿Quién se le confesaría?”, al instante le entro la duda- ¿Te quieres confesar?- Sonrió maliciosamente para sus adentros- Si te quieres confesar, ponte guapa: Píntate los labios con “gloss”, péinate el pelo bien y ponte una falda- “… para que se vean bien tus gordas piernas”.
-Ah…-Charlotte no pudo responder algo más cuerdo. No tenía ninguna intención de confesarse, la verdad… primero se tenía que asegurar de la verdad. Estaba tan confundida…
-Si quieres, podemos ir a la tarde a comprar algo… un vestido o así.
Al terminar las clases, se fue a casa. Quería estar sola.
Como no consiguió aclararse las ideas, habló con una “amiga” del Messenger de su problema.
«Ve kn todo lo k tengas J y kn CONFIANZA, no te kedes kortad por nada, la kulpa es sulla» fue la respuesta.
Al final, Charlotte tomó esta decisión: Le preguntaría directamente a Héctor sobre las cartas.
A la mañana siguiente Charlotte fue al instituto su objetivo claro. Aunque no se atrevió en horas de clase a hacerlo… la teoría suele ser más fácil que la práctica. Al final, las clases terminaron. Se estaban yendo a comer sin haber conseguido su objetivo. Vio al grupo de Dan y a Héctor mientras miraba de reojo, y entonces sí. En ese momento sintió que era capaz de hacer ‘la pregunta’. Fue directamente hacia el grupito, y sin darse cuenta dejó a Ana detrás, aunque ésta la siguió. Pasaron al lado de Laura y sus amigas. Charlotte sacó las cartas de su bolso y se puso en frente del grupo de chicos.
-He… Hector- su determinación se debilitó por un momento, pero al recordar cómo vio caer la carta al suelo, su determinación se volvió más dura que una piedra-, tengo que preguntarte algo- ni siquiera se daba cuenta de que el corredor estaba lleno de alumnos-. ¿Tú has escrito estas cartas?
-¿Qué?- no parecía que Héctor prestara mucha atención; miraba las cartas como si las viese a través de un cristal opaco.
-¿Tú me has escrito estas cartas de amor?- cuando dijo “cartas de amor” el pasillo se quedó en silencio- ¿Te gusto o qué?

 
   
 
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