>

Menú

  pagina anterior  
 

Uno de los chicos del grupo empezó a reírse, luego otro, y otro… hasta que casi el pasillo entero reía. Héctor miro a Charlotte, un segundo más tarde dijo:
-¿Te crees tan importante?- dijo Dan.
Héctor se dio la vuelta y se fue con su grupo.
Charlotte se quedó en su sitio, muda, avergonzada, sorprendida, decepcionada y destrozada. Y oyo la voz de Dan diciendo:
-No sé cómo ha podido morder el anzuelo.
Y luego risas.
Cuando por fin Charlotte pudo moverse, buscó a Ana, pero no la vio. Fue al comedor y la señora de la cocina le echó la bronca por llegar tarde. Cuando se sentó en la mesa, volvió a buscar a Ana, pero, de nuevo, no la encontró.
Esa noche Charlotte apenas pudo dormir. Tenía un extraño presentimiento.
El miércoles a la mañana, Charlotte supo que sus sospechas se iban a convertir en realidad.
Vio las miradas de desprecio de los alumnos y oyó sus risas y cotilleos, tan pronto como entró en el instituto. A los cinco segundos de entrar en el edificio sintió el deseo de volver a casa.
Al ir acercándose a  su taquilla, vio insultos escritos a rotulador. Además, alguien había conseguido abrirla y le había metido basura en ella: bolas y trozos de papel, pañuelos, chicles, cigarros,… Y, encima, fue en vano buscar el libro de ética. Había desaparecido… o alguien se lo había robado.
Antes de llegar a su clase vio a Ana. Se acercó a ella, pero ésta le dio la espalda y se fue hacia el grupito de Laura.
Fue capaz de soportar las primeras horas de clase, pero en el recreo empezaron los insultos.
-Charlotte, ¿Me quieres?- dijo un compañero partiéndose de risa.
-¡¿A quién le gustaría una tía con pinta de león marino?!- dijo una chica.
-¿Cómo se te ocurre pensar que le puedas gustar a Héctor? ¿Sueñas o qué?
Un insulto tras otro… Charlotte no pudo soportarlo. Se fue de la clase.
-Sí, ahora huye, ¡cobarde!
Buscó un pañuelo para enjugarse las lágrimas, no lo encontró; pero sí que oyó una voz diciéndole:
-¿Qué vas de guapa?- era Ana y estaba, otra vez, con el grupo de Laura, y, como todas las chicas, llevaba esa malvada sonrisa tatuada en la cara.
Charlotte reunió todas sus fuerzas y respondió:
-Yo no he dicho eso. ¿Y tú por qué andas con Laura? Tú fuiste la que dijo que no la habías soportado nunca.
-Ya, pero ella, por lo menos, no les quita a sus amigas el novio.- Charlotte se quedó a cuadros.
-No tenía ni idea de que fuera tu novio.
-Tú sabías que me gustaba.- Charlotte no había oído decir eso a Ana en su vida. Sabía que a Laura le gustaba Héctor, pero Ana… Además, no era ella la que había escrito las cartas, no se tenía que arrepentir de nada.
Estaba harta. Se fue de allí; se fue a casa.

 
   
 
Anterior - 1 - 2 - 3 - 4 -Siguiente