>

Menú

  pagina anterior  
 

Vació su bolso, en el que aún guardaba los sobres anaranjados. Pero encontró algo que ella no había metido allí: Una caja de CD que tenía escritas las palabras “LO SIENTO” en la parte de alante. Charlotte no pudo aguantar la broma, ya que había reconocido la letra de Héctor, y estampó la caja con fuerza en la pared, haciendo que el disco que contenía saliera disparado por los aires y terminó haciéndose añicos al dar con el suelo.

Al día siguiente, y en contra de lo que a ella le hubiera gustado, su madre la levantó y la obligó a ir al cole. Así que Charlotte decidió ir en busca de Héctor, aunque no  tuviera ganas de hablar con él. Tenía que dejarle las cosas claras.
Para encontrarlo buscó a Dan. Vio al grupo al lado de las escaleras, pero Héctor no estaba con ellos, y ni siquiera se atrevió a preguntar porque todos parecían muy mosqueados.
Aún faltando diez minutos para la primera clase, Charlotte fue en busca de Héctor.
Buscó en todas las clases del piso, aunque sólo encontrara caras desagradables en ellas. Al final consiguió dar con Héctor: estaba en la terraza oyendo música.
-Eh, ¡tú!
Héctor giró la cabeza. Al ver a Charlotte, su expresión cambió y su ceño fruncido se convirtió en una mirada esperanzada. Se levantó al instante.
-Espero que no te quieras suicidar- Charlotte lo miró sorprendida.
-No… quiero hablar contigo.
-Oye, de verdad que lo siento… Yo no te quería hacer ninguna broma, pero… Dan… Tú a mí…- decía Héctor tartamudeando y totalmente avergonzado. Perdóname.
A Charlotte le picó la curiosidad.
-¿Entonces por qué lo hiciste?
-Yo te quería enviar las cartas, pero no quería hacer una broma...
-¿Qué no querías hacer una broma?- Charlotte estaba furiosa- ¿Qué querías jugar a los carteros?
-No… es que Dan encontró la carta y… Tú me gustas.
Charlotte no se lo creía.
-De veras…- sacó del bolsillo una carta, una carta naranja- esta era la carta que te iba a dejar ayer. Pero no me atreví al ver como estaba tu taquilla- le acercó el pequeño sobre-. No creía que iba a ocurrir esto… Te lo juro.
Sonó la campana.
Charlotte leyó la carta en silencio.
Cuando terminó la carta miró a Héctor y le dirigió una tímida sonrisa mientras preguntaba:
-¿Cuál es esa canción que quieres que escuche?
 Héctor sonrió de oreja a oreja. Se quitó uno de los auriculares de la oreja y le indicó a Charlotte que se acercara.
La siguiente hora la pasaron los dos solos en la terraza, uno al lado del otro.

 
 
 
 
Anterior - 1 - 2 - 3 - 4